Las trampas de la “igualdad”

Ya hemos insistido en notas anteriores acerca de que cada uno de nosotros tiene talentos diferentes, también lo hemos hecho acerca de que los profesores tenemos la obligación de descubrir en los pequeños sus talentos y sus áreas de oportunidad, de tal manera de que trabajemos una clase diversa que dé cabida a todos los estilos de aprendizaje.

Dentro de esa diversidad están los alumnos que sobresalen, que muestran mayores competencias en ciertas áreas del conocimiento y del quehacer académico, nuestra obligación ética (ojalá y fuera legal también) es la de, si bien ya no estimular, cuando menos hacernos a un lado para dar paso a esas aptitudes sobresalientes. Lo importante aquí es no convertirnos en un obstáculo para el desarrollo de esos alumnos, escondidos en la falacia de la igualdad.

Podemos citar numerosos ejemplos de lo anterior, aquí menciono solo dos: a) el chico que termina pronto una actividad, que la ha desarrollado muy bien y que “ya no tiene nada qué hacer” y que ahora tiene que esperar a los demás porque “no puede adelantarse”; b) El chico que, cuando la maestra dice “saquen el libro de lecturas en la página 35” y cuando los demás apenas andan preguntando cuál página, él ya les está contando a los de su alrededor de qué trata la lectura porque ya la hizo en casa, lo que en lugar de ser algo bueno se convierte en un problema para el maestro y, consecuentemente, para el niño.

Y es que parece ser que la norma es “ir todos igualitos”, pareciera que es política de la mayoría de los centros escolares (y no solo para los alumnos sino también entre los maestros) no sobresalir, no ir delante de los demás, aunque tu propio potencial y tus competencias te lo permitan; hemos caido en las trampas de la igualdad. ¡No podemos ser iguales! y esta afirmación no es discriminación, ni está en contra de valores como la generosidad, la solidaridad o el compañerismo, solo es reconocer que hay quienes tienen talentos superiores a los de los demás.

Si el potencial de un niño o el contexto sociocultural en el que se desarrolla le permite avanzar a un paso más rápido que los demás, ¿Por qué lo vamos a detener para que vaya “igualito a los demás”? ¿no es esto un crimen pedagógico? ¿No es esto frenar el desarrollo del país? y luego nos lamentamos de que en México no surjan talentos inventores como en otros paises, cuando nosotros mismos los estamos aplastando en la escuela y en la casa. ¿Cuántos niños y jóvenes no hay en las escuelas (de todos los niveles) aburriendose “echándose a perder” porque están parados, esperando a que los demás terminen lo que están haciendo para avanzar juntos en lo que sigue, porque así lo ha dicho la maestra. ¡Qué injusticia y qué insulto al talento! ¡Pobre país!

Y lo mismo pasa entre los maestros, cuidado si alguien se adelanta o quiere hacer más de lo que los demás van a hacer, cuidado si alguien da más al grupo, si regala una hora diaria de trabajo a sus alumnos, si ve una lectura extra, si organiza un producto o proyecto diferente o extra con sus alumnos, porque entonces es acusado de querer sobresalir y de mal intencionado porque “quiere hacer quedar mal” a los demás maestros; hay profesores que se quejan de otros por esto. Recientemente escuchaba a una maestra decir “…y es que mis alumnos ya están comparando, le tienen que decir (le decía a un directivo, refiriéndose a otra maestra) que tenemos que ir haciendo lo mismo, si no los alumnos comparan y nos perjudica”. Irónicamente es la misma maestra que después escuché decir “…cada grupo es diferente, cada grupo tiene sus necesidades”, pero quiere que vayan igualitos.

Ya me imagino a Einstein siendo obligado a esperar a sus compañeros; a Van gogh siendo obligado a pintar como los demás; a Mozart siendo acusado de querer andar de adelantado tocando cosas que sus compañeritos todavía no tocaban; a Carlos A. Carrillo siendo obligado a leer solo los que los maestros de su época leían; a Vigotsky siendo acusado de querer pensar, trabajar y escribir más que los demás por querer sobresalir.

¿Cuál es la intención de esta reflexión-desahogo? Lanzar una súplica a todos los maestros y padres de familia: ¡No aplastémos los talentos de nuestros alumnos y de nuestros hijos! No somos iguales, somos diversos, existe el derecho a ser diferentes, a ser superiores en algún aspecto. El país requiere de esa gente que da más que los demás, que hace más que los demás, que hace otras cosas que los demás no hacen. No es juntando nuestras mediocridades como el país crecerá. Impulsemos el talento y a quien lo posea.

Finalmente, quisiera compartir con ustedes un video de Steve Jobs, el creador de Apple, las computadoras Mac y de Pixar entre otras grandes empresas. Ojalá que resulte inspirador como lo ha sido para mí.  Que así sea. 

Espero sus comentarios al artículo y al video.

Cordialmente: José Luis Vidal Pulido

P.D. Gracias Maestro César Ojeda Betancourt por compartirlo conmigo; la misión de difundir lo bueno está cumplida. Gracias.